Eric Alfred Leslie Satie nace un 17 de mayo de 1866 en Francia. A los 13 años ingresa al conservatorio de París. Sus profesores no ven futuro ni talento en él y tras varios intentos frustrados por continuar la carrera, decide alejarse de la formación musical, dedicándose al piano y ganándose la vida en un conocido cabaret parisino, en plena Belle Époque.
Las primeras obras de Erik Satie –como se hacía llamar- tendrán influencia en las composiciones de Claude Debussy. Ambos tuvieron una entrañable amistad por más de 30 años y compartieron un propósito juntos: el de luchar contra la corriente romántica de la época. Debussy lo describiría como “músico medieval y dulce perdido en este siglo”.
A los 23 años compone las ‘Gymnopédies’ , una trilogía para piano, melancólicas e hipnóticas. El título fue inspirado en las Gimnopédias Espartanas, una festividad anual de carácter religioso, donde niños y jóvenes desnudos realizaban danzas y ejercicios de resistencia física.
Satie poseía un humor agudo y extravagante, fue además un amante de lo exótico. Estudió con detenimiento el canto gregoriano con el fin de “buscar el origen de la música”. A menudo visitaba las catedrales para observar las curvas y superficies ojivas, una característica de la arquitectura gótica y que inspiraría luego la serie de cuatro piezas para piano titulada ´Ojivas´. En este período se convierte en el compositor oficial y maestro de capilla de la orden rosacruz.
En 1917, durante la primera guerra, se presentó en París una obra que al menos pasaría a la historia por reunir a tres de las mentes más creativas de la época: Erik Satie, Pablo Picasso y el escritor, artista y cineasta Jean Cocteau. Este insospechado trío de colegas se unió para crear una obra de ballet burlesque llamada “Parade”, inspirada en una idea temática de Cocteau, con música de Satie y vestuario y escenografía de Picasso. Generó desconcierto y escándalo por burlarse de los estereotipos establecidos en la época. Fue parte de un movimiento cultural y artístico lleno de cambios donde se rodeó de poetas, músicos, escritores, inclusive Salvador Dalí pinta una obra titulada “Homenaje a Satie” en 1926.
Tenía una obsesión por la repetición. ´Vexations´ es un ejemplo de ello con solo 18 notas, 52 compases y la clara instrucción de “repetir 840 veces” en turnos y sin parar. No existe registro histórico de su ejecución, sin embargo en 1963 se realizó una función según las indicaciones, participaron 10 pianistas tocando lo mismo, consecutivamente y la obra duro 18 horas.
En un texto titulado “Lo que soy“, con el que se inauguran sus “Memorias de un amnésico y otros escritos” Satie escribe:
“Todo el mundo dirá que no soy músico, en verdad, desde el inicio de mi carrera me reconozco como un ´fonometrógrafo´. En mis trabajos no hay ideas musicales, la reflexión científica es lo que domina.”
Genio solitario, vivió sus últimos días en un modesto departamento. Cuando falleció encontraron en su habitación 13 trajes de terciopelo gris idénticos, 100 paraguas del mismo modelo y color, y más de 4,000 rectángulos de papel minúsculos, con meticulosas anotaciones surrealistas, paisajes imaginarios, personajes inverosímiles, ilustraciones y descripciones burlescas, además de órdenes religiosas e instrumentos musicales imposibles. En una de aquellas anotaciones se lee:
“Me llamo Erik Satie… como todo el mundo.”
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